martes, 9 de julio de 2013

Diez

Puse la caja sobre la cama. Y comencé a ordenar su contenido. 
Discos por aquí, anotaciones por allá, objetos por otra parte, papeles a otro lado... había muchas cosas en tan poco espacio... Estuve un rato mirándolo todo aquello. Y arrodillada frente a la cama, cerré los ojos. Rápidamente los abrí, había olvidado que tenía la puerta abierta, necesitaba estar a solas con mis pensamientos y con mi pasado. Tenía que averiguar quién era realmente, lo había olvidado completamente.
Odiaba todo lo que había vivido anteriormente. Odiaba aquella vida. Era momento de volver a empezar. Era hora de demostrarse a sí misma que podía ser alguien, que se merecía ser alguien. 
Era el momento de conocer el contenido de los discos. Cogí mi ordenador y empecé. El primero. Esperé. Cierro los ojos. No quiero ver qué música se escondía en él. Tenía miedo de mi pasado también. Todo aquello enterrado. Y ahora iba a saber qué era lo que tuve que esconder. Iba a ver qué desapareció de mí para poder seguir a su lado. Sin mirar le di a reproducir. Estuve casi tres años desprendida de lo que era mi vida real, mientras estuve junto a él. Y ahora, ahora puedo recordar sin miedo alguno. Y de repente, sin avisar, la música comenzó a sonar:
«I will not make the same mistakes that you did, I will not let myself cause my heart so much misery...». Sonrío. Recordaba aquella canción. Era Kelly Clarkson. Y la dejé sonar un poco más.

«I will not break the way you did 
You fell so hard 
I've learned the hard way, to never let it get that far 

Because of you 
I never stray too far from the sidewalk 
Because of you 
I learned to play on the safe side 
So I don't get hurt 
Because of you 
I find it hard to trust 
Not only me, but everyone around me 
Because of you 
I am afraid».

Puse otro. Empezó a sonar. Qué recuerdos me traía aquella música.

«I'll be the one

I guess you were lost when I met you
Still there were tears in your eyes
So out of trust and I knew
No more than mysteries and lies».

Muchos recuerdos. Todas aquellas eran palabras que me habían hecho creer en la música. 
Cambio de disco. La primera canción, con un rasgueo de guitarra se me ponen los pelos de punta. 

«You said the way my blue eyes shined, 
Put those Georgia stars to shame that night. 
I said, "That's a lie". 
Just a boy in a Chevy truck, 
That had a tendency of gettin' stuck, 
On backroads at night. 
An' I was right there beside him all summer long, 
An' then the time we woke up to find that summer'd gone».

Taylor. Todo lo que me ha dado Taylor sin pedir nada a cambio. Todavía recuerdo el día en el que me compré el disco. Estaba entusiasmada. Desde el verano del 2006 cantando esa misma canción "Tim McGraw". No conocía a nadie a quien le llegaran tanto sus canciones como a mí. Pero eso me gustaba, de alguna manera me hacía sentir especial. 

Cambié de disco.

«Her voice is echoed in my mind
I count the days till she is mine
Can't tell my friends 'cause they will laugh
I love a girl from senior class

I daydream through my freshman math
While she fills out her college apps
I'll show her a world where we belong
But she'll have to drive us to the prom».

Recuerdo estar enamorada de sus voces. De esos rizos del menor. Mis hermanos favoritos. 

Demasiado en un mismo día. Demasiadas imágenes de mi pasado. Demasiado. Deseaba que todo aquello hubiera seguido hasta aquel momento. ¿Qué había sido de todos aquellos artistas? Seguro que ahora habría más, y su música habría cambiado. Pero ha pasado demasiado tiempo ¿seguirían juntos? Aquello era el 2006 más o menos. Tengo su siguiente disco, del año siguiente. Al igual que los demás. Uno de los últimos discos que me compré fue el de Taylor Swift, el de Fearless, y el de A little bit longer de los Jonas Brothers.

Recuerdo cantar todas aquellas canciones y otras con mis amigas. Las fiestas que montábamos para jugar al karaoke, tocar la guitarra e imaginándonos que éramos un grupo de rock femenino. Miré las fotos que dejé en un montón. Allí estábamos hace unos seis años, subidas a la cama cantando como locas. Otra: yo, tocando la guitarra en un taburete, frente a un reducido público. En esa foto yo tenía unos diez años. Yo y mis ganas de triunfar en la música. No era tarde. 
Miré los papeles que tenía por allí. Estaban todas llenas de letras, frases... Cogí una de ellas y comencé a leer. Era un intentó de canción. No era horrible. Aquello era algo. Me siento en el suelo y pienso en todo aquello. 

viernes, 5 de julio de 2013

Nueve


Después de la tormenta siempre llega la calma, o eso dicen. Cuando te levantas después de una mala noche no te sientes totalmente bien. Es como si te faltara algo, estás incompleta. Creía que me faltaban horas de sueño, pero no estoy totalmente segura de ello, porque estaba más despierta de lo que lo había estado en los últimos cuatro años. No pensé en lo sucedido en la noche anterior, tan solo pensé en aclara mi situación actual: iba a vivir con mi padre después de los últimos dos años. En una casa minúscula, sin espacio, agobiante. Pero mejor aquello que vivir bajo un puente, en la calle. Preparé un poco de desayuno para los dos con lo que había allí. Abrí la despensa, los armarios de la cocina, pero no había casi nada. Tenía que rellenarle todos aquellos huecos vacíos. Preparé unos huevos con unas tostadas. Llamé a mi padre y no estaba en la habitación. Me acerqué a una habitación cerrada, apoyé mi oreja contra la madera y escuchaba como un boli rasgaba las hojas con su tinta. Llamé dos veces seguidas. El bolígrafo paró de escribir y mi padre se levantó para abrirme la puerta. Sonriendo salió y desayunamos juntos. 

- He pensado en dejarte la habitación donde escribo. Yo puedo escribir en mi cuarto. 
- Pero, tú necesitas espacio y...
- Y no pasa nada. Ahora tenemos que aprender a vivir así. - Le vi feliz.
- Por cierto, comida no tienes, ¿no sueles comer en casa?
- La verdad es que no. Bajo a un restaurante que hay abajo. Tengo poco tiempo para preparar comidas, ahora que estoy escribiendo esta novela. Me está llevando mucho tiempo y esfuerzo, por lo que he tenido que dejar de prepara mi deliciosa comida. -Se ríe.
- ¿Y no desayunas? - le pregunto antes de morder la tostada.
- Em... a veces. Por las mañanas no tengo mucho apetito.
- Ya veo. Estás más delgado. ¿Quieres que vaya a comprar?
- No, no hace falta cariño. Hoy comeremos en el restaurante, ya verás, te va a gustar mucho.
- No tienes por qué gastarte tanto dinero en comer en un restaurante ahora que estoy yo aquí.
- No me gasto mucho dinero. A personas como yo nos hacen un descuento.
- ¿Personas como tú?
- Personas que viven solas, en casas de poco espacio, sin tiempo para compras ni comidas - en su cara podía leerlo, quería decir «divorciadas».- Así que no me va tan mal. Es cierto que a veces se me olvida comer o cenar, pero es porque estoy muy concentrado en la historia.
- Ya. Bueno, a partir de ahora no va a ocurrir.
- ¿Te quieres quedar aquí? - Me preguntó con una sonrisa feliz de padre.
- Por el momento sí. No tengo dinero para alquilar nada, y tengo que acabar la universidad. Si no te molesto, me gustaría quedarme contigo, papá.
- Por supuesto que te puedes quedar cariño, esta es tu casa. Si pudiera nos mudaríamos, pero no podría mantenerla.
- No pasa nada. - Le sonreí.



Al final, me quedé su estudio. Estuvimos todo el día arreglando la habitación, poniendo muebles, sacando... y al final, me tumbé en la cama mirando el techo. Blanco. Cierro los ojos, y me levanto y miro a mi alrededor. Con la puerta cerrada me levanto y miro todo lo que he traído conmigo: Ropa, apuntes, libros, objetos... mi vida. Y bajo el escritorio la caja que encontré hacía unas semanas. Una caja oscura llena de recuerdos, de una vida que dejé atrás para emprender una nueva. ¡Qué tonta fui! Emprender una nueva vida teniendo una buena vida antes. Pensar que quieres a una persona sin amarla. O, tal vez, me equivoque y si que le haya querido. 
Bueno, no quiero pensar en eso.
Cojo la caja y me siento a los pies de la cama. La abro. Miro. Sonrío. No recuerdo de qué eran aquellos discos. Quiénes serían sus propietarios. De quiénes serían sus voces. Tenía que escucharlos y recordar, porque aquello fue un día mi vida, una vida que tuve que enterrar. Y ahora, gracias al destino, pude recuperarla.