jueves, 6 de junio de 2013

Dos


Cuando estás llorando durante demasiado tiempo comienzas a olvidar por qué empezaste. Mis lagrimas ya no son saladas. Mi tristeza se ha convertido en pena. Mi corazón ya no es quien era. Yo ya no soy quien era, he cambiado, y no sé hasta qué punto eso es bueno.

Me llamo Dakota. Me dejaron. Y yo lo dejé todo por esa persona. Todo. Mi vida. Lo qué era, quién fui. Cuando piensas que conoces a una persona te das cuenta que no es así. Pero desgraciadamente, siempre es demasiado tarde. Muy tarde. Ha hecho que mi vida se consumiera. Que por lo que solía vivir, ya no me importara. Me alejó de todo y me acercó a él. Cuando piensas que eres feliz al lado de alguien, ocurren cosas, cosas que no te esperas, y es eso lo que causa una despedida amarga. Y, a veces, una despedida que no esperas en absoluto. Todo iba bien, genial, incluso. Pero no era suficiente para él. No estaba contento. No quería hacer lo de siempre. Se aburría conmigo. Unas de sus últimas palabras fueron:

Nos divertimos, pero ahora me aburro a tu lado.

«Me aburro», «a tu lado». Increíble, pero cierto al fin y al cabo. Me sentí desprotegida, aislada del mundo. Era mayor que yo. Unos años. Y lo peor es que a todos les caía bien. Nos veían como la pareja perfecta. Bueno, no iban mal encaminados, porque yo era feliz al principio.
Hice todo por ti. Lo dejé todo ¿no? Superé mis manías, me adapté a ti, porque lo que sentía por ti era mayor que todo lo demás. Lo que más le gustaba a mi madre de ti era que me apoyabas en los estudios. Me decía que eras un gran tipo, que le gustaba porque no me alejabas de lo que era verdaderamente importante. Pero ella tan solo veía mi apariencia. Nadie sabía lo que ocultaba en mi interior. Y yo tampoco.

No olvido lo último que me dijo. Esas palabras que desencadenaron las lágrimas de mi corazón. En ese instante sentí como mi corazón se moría, como se marchitaba a gran velocidad. Le había amado demasiado como para que ahora me dijera aquellas palabras. No entendía por qué entonces. Siempre hacía lo que él quería. Él era bueno conmigo. Éramos felices, o al menos eso era lo que yo pensaba.

Esto se ha acabado Dakota.

Así, sin más, esas cinco palabras salieron de su boca como un vendaval. Sin ningún sentimiento. Sin nada. No hizo ni dijo nada más. Bueno, se marchó, dejándome sola en la calle, de noche, sin nadie. Nada más. No podía odiarle. No comprendo por qué. Y desde aquel día llevo llorando. Dos años han pasado. Y todo en mi vida ha cambiado. No sé seguir caminando sin él. Era él el que me guiaba, apartaba cualquier mal de mi vida. Él lo era todo para mí. Era mi vida entera. Pero ahora... ahora que acabo de leer aquella nota... me he dado cuenta de algo. No era yo. Yo nunca fui así. Yo no hacía lo que los demás decían. Yo no dejaba que los demás mandaran sobre mis acciones. Algo había pasado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario